2012: El Año del Dragón
Según el calendario oriental, el 2012 es el Año del Dragón (辰年, tatsu doshi en japonés).
Símbolo de la vida y el crecimiento, el dragón es un signo afortunado y desborda vitalidad y salud.
Iniciamos este año con mucha energía y esperanza, y con el deseo de contar nuevamente con su presencia en nuestras diversas actividades.
¡Feliz año!
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Un verano de otro planeta 2012
La Unidad de Cursos del Centro Cultural Peruano Japonés iniciará a partir del 4 de enero diversos talleres tales como Mad Science, Model Teens Galaxy, Planeta Claun, Saturno Gourmet, entre otros.
Los talleres están dirigidos a niños y adolescentes entre los 4 y 16 años, ofreciendo una serie de opciones para divertirse y aprender.
Todos los talleres incluyen materiales más un polo.
Mayores informes en la Unidad de Cursos
Teléfonos: 518 7450, 518 7500 Anexos: 1002, 1003, 1004, 1005
Página web: www.unidaddecursos.com

Noticias de la Biblioteca Elena Kohatsu
La Biblioteca Elena Kohatsu del Centro Cultural Peruano Japonesa ofrecerá, en enero y febrero, un descuento del 50% en afiliación de la membresía anual de la biblioteca, que permite al usuario el préstamo de libros a domicilio.
Además, a partir del lunes 2 de enero el horario se extenderá, de lunes a viernes, hasta las 8:00 p.m.
¡Los esperamos!
Biblioteca Elena Kohatsu
Lugar: Centro Cultural Peruano Japonés, piso 8 Torre Jinnai
Teléfono: 518-7450 anexos 1055, 1056
E-mail: biblioteca@apj.org.pe

Exposición: XXI Salón Anual de Pintura: Promoción XIX “Natsu Yonamine”
Continúa hasta el sábado 21 de enero
El Taller de Pintura Camino a la Felicidad del Centro Recreacional Ryoichi Jinnai presenta su muestra anual, que incluye los trabajos de los integrantes de la XIX Promoción 2011 “Natsu Yonamine”
Lugar: Galería de Arte Ryoichi Jinnai, Centro Cultural Peruano Japonés
Horario: De lunes a viernes de 2:00 p.m. a 9:00 p.m. y sábados de 10:00 a.m. a
1:00 p.m. y 2:00 p.m. a 4:00 p.m.
Ingreso libre
Alerta bibliográfica
En enero, la Biblioteca Elena Kohatsu te recomienda leer:
Manuales
Shôjo Manga: paso a paso
Kamikaze Factory Studio
Instituto Monsa Editorial
Barcelona – España
2010. 351 pp.
Manual de dibujo manga moderno, muy útil para todos aquellos que quieran mejorar dibujando y coloreando digitalmente, con ilustraciones que abarcan géneros como el shôjo y el josei, sin olvidar trabajos con influencias moe, góticas o vintage.
Zen
Michel Bovay, Laurent Kaltenbach y Evelyn de smedt
Editorial Kairós
Barcelona – España
2008. 173 pp.
Los autores, discípulos del maestro del zen Mokudo Taisen Deshimaru, explican la práctica, enseñanza, historia, tradición y las perspectivas ligadas al Zen.
Cuentos
El Dragón y otros relatos
Akutagawa, Ryunosuke
Kanagawa – Japón
Luna Books
1995. 135 pp.
Recopilación de los relatos más representativos de la obra de Akutagawa que muestran aspectos escondidos del alma humana con un lenguaje lleno de fino humor y un hábil uso de la paradoja.
El monstruo y la bibliotecaria
Alfredo Gómez Cerdá
Edelvives
Zaragoza – España
2008. 74 pp.
Escapando del intenso calor del verano un monstruo monstruoso común y corriente llegará a una biblioteca sin imaginar que este hecho cambiaría su vida.
Biblioteca Elena Kohatsu
8º piso - C.C. Peruano Japonés
T 5187450 anexos 1055, 1056
E-mail: biblioteca@apj.org.pe
La Pieza del Mes. Yobiyose: Migración por llamado 
Hasta el martes 31 de enero
El Museo de la Inmigración Japonesa al Perú “Carlos Chiyoteru Hiraoka” exhibe una maleta con objetos personales como ropa, utensilios, amuletos, que dan cuenta del sencillo equipaje que trajeron al Perú los inmigrantes japoneses en la etapa conocida como “Yobiyose” o “migración por llamado”, iniciada a partir de 1923 (año en que culmina la migración por contrato de trabajo) y 1936, cuando se expide un decreto que establece una cantidad límite de inmigrantes por nacionalidad.
Lugar: Hornacina del Hall del Centro Cultural Peruano Japonés
Horario: De lunes a sábado de 9:00 a.m. a 9:00 p.m.
Ingreso libre
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Apunte sobre el folcklore del Callao Nativo

El Callao cuenta con su folklore, y no es de ahora. Este es muy antiguo, ligado, eso así, al del litoral, con influencia andina. Por cierto hay que revisar a Tello, Iriarte, Uhle, Salcamaygua, Cieza, Guamán Poma de Ayala, Valcárcel, entre otros, y alguna vez manifesté esto en una reunión del Cendaf, a la que me invitó el difunto Alejandro Vivanco, haciéndome socio.
No puede entonces aceptarse un Callao que reciba otros ritmos que no sean los suyos.
Ñoqanchis pura, rimanakusunchis. El Callao del wayra (viento) suave, donde los antiguos veneraron al Intiyaya (Padre Sol), enemigo de los wachemines (gente maligna), pasó por el proceso cosmogónico, el de los mitos, en el que humanidad y divinidad condujeron a crear dioses y hombres, estos últimos obligados a querer la pacha (tierra), así los moleste la k’uyka (lombriz), la sisi (hormiga) o el upa (tonto) que quiere wifala (danzar). Por algo no llegaron a su suelo los collas, huanchos, huallas, los dos primeros asentándose sobre el Ccayao y aquel Chocoitu que conocieron la taruka o luych’u (venado), el maran (batán), las mak’as (cántaros de barro), supieron saborear la api (mazamorra) de hak’u (harina), aparte de lo mejor del apanqoray (cangrejo). El tercero ocupará Maranga. Estos tres grupos trajeron lo suyo, lo asentaron en el puerto, inyectándole, como recreación, las características de la nueva, digamos, ch’ujlla (choza), en la que abundó el pescado, debido a la actividad del challway (pescar)
El challwa (pez) fue el principal alimento del poblador nativo chalaco.
Luego, tanto el Callao como los demás pueblos de la costa, que integraron el Chinchaysuyo en tiempos del llauto, de la mascaipacha, no fueron ajenos al conocimiento del existir, entre ellos, del ch’illiqu (grillo), de la urusu (araña), del travieso huk’ucha (ratón), de la urpi (paloma), del alqo (perro), de la qalaywa (lagartija), del ch’eqollo (ruiseñor), de la pillpinta (mariposa), de la yarqa (acequia), hasta recibieron algunas veces las caricias de la chirapa (lluvia con sol) en momentos que buscaban quizá llant’a (leña) u oyeron al pisqo (pájaro) rumbo a lo que ahora son los humedales de Ventanilla, a las islas, esos lugares a los cuales están vinculados el Camotal y el Boquerón, adonde iban los pescadores a lanzar la red, mientras en San Lorenzo estaban otros mejor asentados, aunque no definitivamente, no molestándoles la itha (pulga de ave) ni la aqta (garrapata) de los terrales.
Hemos dicho que la tarea básica de esa gente de los siglos anteriores a la invasión hispánica fue la pesca, aquí en Callao como en Huacho, Tacna, Tumbes, etc., los sitios del litoral. Y esa tarea la idealizaron, así es como entra en el folklore. Por ejemplo, la pesca de perlas la convirtieron en ritual religioso, humanizando e idealizándose a los animales marinos que nacían o salían de la concha en forma de cuerpos extraños o de monstruos, de aves, reptiles, mamíferos; después se lanzaban veloces sobre el desierto costero, cuando no a surcar los aires salpicando las arenas con gotas de agua.
Las conchas tropicales conocidas como Spondylas y Strombus fueron consideradas cosas sagradas de los dioses. Incluso tuvieron nexos con las prácticas religiosas y funerarias. Los pescadores llegaron a ser los encargados de aquel culto en honor a sus manes. Cuentan que en la sierra, hasta hace poco, los cobrizos arrojaban, en ciertos días del año, a los pantanos y arroyos conchas molidas, mullo mezclado con sangre de llama o cuy, en calidad de ofrendas propiciatorias para que lleguen las lluvias a fertilizar la tierra.
Interesante el ceremonial del Perú de los runas, del qollana (el primero).
Otra gran fuente de riqueza: el guano. Tuvo poder vivificante, renovador, grandioso, relacionado a la vida social, económica, religiosa, ambiental, de la colectividad, a pesar de asnay (apestar) fuerte. Existió entonces la fiesta del Akatay Mita, celebrada en los valles, que significa “la vuelta del guano o el reabono de las tierras”. Al Waman Kantax (Señor del Guano), que fuera dios importante de los chimú, se le representaba como figura de extraño animal, o sea, un ave con alto copete o diadema semicircular, así pasó convertido en divinidad para el arte Muchik, listo a presidir las ceremonias dentro de los centros de riqueza marina, como lo son las islas, por esa época llamadas Akat, Sina, Kamillaka, habiéndose encontrado debajo de las mismas capas de guano, restos de adoratorios, esqueletos de mujeres decapitadas, alfarería ceremonial, amén de otros objetos de tipo ritual.
Los cobrizos de Huacho, o “isla de la Mazorka”, así la conocieron alguna vez, y sin duda alguna el resto de los demás lados del litoral, iban hacia la playa para iniciar el sacrificio derramando chicha con un propósito: invocar al mar no hacer daño a las balsas. Dos días de ayuno precedían a dicho acto. Al llegar a la isla, de inmediato la adoración a la huaca Huamancátac (el Señor del Huano), ofreciéndole ofrendas para chaskiy (recibir) siempre aquel abono, de regreso al puerto el citado ayuno, después a bailar, cantar, beber la chicha. Aquella ceremonia tendía a dotar a la tierra de un poder fertilizante, por lo general la preparaban en el mes del Poqoy Raymi (diciembre), comienzo de las lluvias, sembrío de la quinua y papa, en la sierra, maduración de las paltas en la costa. Duraba seis días. Tanto hombres como mujeres participaban buscando las huertas, en cueros, vale decir, desnudos, desde allí corrían hacia algún cerro, gran trecho, para alcanzar a la warmi (mujer), cogerla de la weq’au (cintura) o de la trenza, así “tener acceso”, según lo contó Pedro Villagómez a través de “Carta Pastoral de 1649”.
La gente del Pitipiti Viejo era de procedencia aimara, en su mayoría. Formaron un poblado en Chucuito hasta La Punta. Se trató pues de la población originaria del Callao no colonial. Estuvieron dedicados a la pesca, también al agro. Fueron los primeros en conocer la laguna de las lisas. Como vehículos marinos utilizaron los caballitos de totora. Y tanto la isla cuanto el mar a su vista sirviéronle de morada, centro laboral, rito, etc.
Diremos que Chucuito, que asimismo lo hay al sur del Perú, otro con ese nombre en Puno, tiene origen aimara, lo mismo que el vocablo chalaco, no así Callao ni Maranga que son de procedencia quechua, aceptándose que Callao haya sido lugar de sanación. Entonces Chucuito deriva de choco (claro, cristalino) e itu (cuanto cabe en una mano vuelta hacia arriba). Esta última significación podría estar asociada al acto de la invocación.
Kay (¡sé tú!), eso debemos decir siempre los de este puerto al rescatar el rico folklore que nos caracteriza. La Diablada no es nuestra, tampoco el wayno “Ch’ullalla Sarachamanta” (“De un solo maicito”). A nosotros nos corresponde, verbigracia, la Fiesta del Itu, maguer es seguro que sapa (cada) antiguo chalaco conoció la leyenda sobre “El Origen de los Alimentos”, la Mikhunakuna Kamasqamanta. Pues bien, esos pobladores, aimaras o collas, hasta los llegados del valle de Lima, celebraron en fechas determinadas, a orillas de ríos, lagos, mares, de manera propiciatoria, el baile sagrado del Itu, realizado durante las épocas de imperiosa necesidad, conforme a un ceremonial de tipo rígido, no muy distintos a los ofrecidos al uchha (guano, estiércol).
El licenciado Polo de Ondegardo en sus “Instrucciones contra las ceremonias y ritos que usan los indios conforme al tiempo de sus idolatrías” lo describe. Será uno de los primeros en aportar tan importantísimo dato histórico para el folklore local, porteño, comunal.
Los celebrantes debían ayunar iskay (dos) días, olvidarse del ullu (pene), de la raka (vulva), del yuma (semen), o sea, no tener relaciones sexuales; evitar comer productos con sal y ají, ni beber chicha; juntarse en una playa donde no hubiese ningún animal ni forasteros; vestir mantas, vestidos, ponerse adornos, apropiados para el ritual; andar en procesión, muy despacio, tocando tambores, sin hablar; cubrir las cabezas con mantas de llimpi (color), pudiendo ser yana (negro), oke (plomo) o pauqar (colorido). Esta ceremonia duraba un día con sus noches, diciendo que la oración había sido aceptada.
De aquel modo la Fiesta del Itu evitaba calamidades naturales.
Otros actos celebratorios de los antiguos peruanos fueron los dedicados a la Luna, a Pachacámac o Yehma, inclusive a la propia acja, el trago nativo que, como la coca, este kachu daba bríos. Imposible soslayar la Fiesta del Agua, las celebraciones a la Kochamama.
Para mayor ahondamiento de tal saber conviene revisar “Origen y Desarrollo de las Civilizaciones Precolombinas Andinas” (Actas del XXVII Congreso de Americanistas-1939). Ahí Julio C. Tello Rojas da a conocer puntos que no son curiosidades, asuntos de bárbaros o de brujos. También leer un poco a Uhle, los Cuadernos de Taller de Folklore de la Dirección Universitaria de Proyección Social de la Villarreal, “Las cruces de Chincha” de F. Iriarte Brenner, “Puquio y la Fiesta del Agua” del profesor Roger A. Bendezú Neyra, las investigaciones de Mario Florián. El reciente libro “Elementos de Folklore y Folklorología” de Alejandro Melgar Vásquez contribuye a esclarecer el universo de nuestros aires raigales, que no deben contaminarse ni sufrir la adulteración o el falso maquillaje tendente a destruir las raíces, la identidad, principalmente las creencias, toda vez que nuestros antepasados fueron serios panteístas, haciendo de la naturaleza, del universo, su religiosidad suprema.
Los estudiosos del Callao, donde crece la pona (palmera), la chala, la totora, aunque ya no existe casi el cascajal de sus playas, están obligados a investigar sobre este rubro de las ceremonias rituales en tiempos preincaicos e incaicos, de esta manera estarán contribuyendo a mostrar la otra imagen, la real, de un suelo que sirvió para fundar Lima, estratégico como reserva natural, donde debió nacer la linda Pacchinita de Oro, más bien se la ganó Huaura.
A ver si pronto veamos sobre los escenarios no solamente chalacos las danzas que aquí cultivaron nuestros antepasados de nuna (alma) clara, ésos que habitaron Chuquitanta, Garagay, Cerro Culebras, Oquendo, la Ollería, Chucuito, Maranga, sin temer al auqa (enemigo) porque sabían ccacay (llamar, invocar), haciéndose voces de los dioses.
Así, ñoqanchis kaswanchis (todos nosotros seríamos), difundiendo la auténtica chalaquería, el fuerte kurku (tronco), el que nunca cae. |
LAS SERIALES EN EL CALLAO
Los chalacos de las décadas del 20, 30, 40, 50, principios del 60, siglo XX, recordarán estas películas exhibidas por capítulos los martes, jueves o sábados, según la cartelera de los cinemas, ofrecidas en tres funciones: matinée, vermouth, noche. Además, según la categoría de las salas, era el valor de la localidad: 77 centavos, S/ 1.01.
Los cinemas contaban con platea, balcón, galería alta o baja. Por lo general los conocían como cines de barrio. Acá teníamos el “2 de Mayo”, “Rex”, “Ideal”, “México”, “Marañón”. Pero a veces el “Pacífico” ofrecía las de índole mexicana (“Las Calaveras del Terror”, citamos una); el “Avenida”, “El Alhambra”, las de E.U.
Estas seriales solían estrenarse por capítulos. Si lo hacían de modo completo, el público se hubiese aburrido, dormido, ya que su duración como obra completa era de 5 ó 6 horas. Entonces las presentaban del 1 al 3, del 3 al 6, del 6 al 12, del 12 al 15. Nada más. Podían llegar hasta 12 ó 15 capítulos.
Antes de presentar la serial, a fin de completar el horario cinematográfico, pasaban una cowboy, podía ser con Rex Barry, Durango Kid, Roy Rogers, Rex Ryder, Los 3 Valientes, o cortos a cargo de los 3 chiflados, el gordo y el flaco, Chaplin, previamente el noticiero, la voz de Montalván. Los ritmos músicales de moda (boleros, mambo, cha cha cha) entretenían a los espectadores mientras no subiera el telón para mostrar el écran.
La gente – que asistía con decencia (modales y ropa) se sentaba conversando, saboreando algún dulce (¿recuerdan el bróyer?), escribiendo la tarea, enamorando a la chica, leyendo un libro, el periódico, la revista de cómics; mirando, sobre butacas sencillas, aunque algunas eran para tratarlas con cuidado, aparte de las pulgas, del olor a petróleo o kreso.
Entre las seriales que causaron sensación vale citar: “Aventuras del capitán Maravilla”, “Capitán América”, “El Imperio Submarino”, “El Rey de los Hombres Cohete”, “El último de los Mohicanos”, “El Látigo negro del Zorro”, “La Legión del Zorro”, “Aventuras de Supermán”, “Dick el Temerario”, “La Sombra”, “Batman y Robin”, “Misterioso Doctor Satán”, ”La Araña Mortal”, “Invasión de Mongo”, “La sombra del Aguila”, “Los 3 Mosqueteros”, “La mano que aprieta”, “Los peligros de Nyoka”, “La Isla Salvaje”, “La Selva Africana”, “El Fantasma”, “El Terror de los Espías”, “El Arquero Verde”, etc.
Quienes las interpretaron en calidad de luchadores contra el mal: Tom Tyler, Dick Purcell, Ray Corrigan, Tom Mix, Tristram Coffin, Harry Carey, George Lewis, Rex Hadley, Kirk Alyn, Don Douglas, Víctor Jory, Lewis, Buster Crabbe, Bob Livingstone, John Wayne, Kennedy, Clayton Moore, Herman Brix, Clyde Beatty. Algunos de éstos actuaron también en largometrajes dramáticos o épicos de primeras estrellas o integrando un reparto, o de pillos en otras seriales, caso de Lewis, Moore, Coffin, Jory, sin faltar las mujeres (Lorna Gray, v. gr.).
El espectáculo de las seriales, de la preferencia de niños y adultos, pasaría al recuerdo definitivamente a principios de la década del 60. Nunca volvieron a exhibirse, salvo en algunos canales de televisión. Se recuerda al 7 pasando a partir de las 5:00 pm “Congo Bill”.
El asistente a balcón – varios de esos balcones tuvieron fama de laberintosos – aplaudía a rabiar al aparecer “el joven” para rescatar a “la muchacha”, vencer a los bandidos (B. Kortmac: Magua; R. Barcroft ( a) “Mula”; Middleton, Ingran) o disfrazarse de Zorro, Araña Negra, invocar a Shazam, ponerse la máscara de la serpiente, volar como Comando Cody. Así, el balcón se venía abajo, más aún, si la muchachada porteña había “matado” al cuidador (¿recuerdan a “Califa” del “2 de Mayo”?), esto es, comprarlo con algo una vez empezada la película, al no estar el administrador o el vendedor de la ventanilla.
Las seriales por lo general fueron en blanco y negro. Cuando no se asistía al cine, el chico jugaba las “en carita” con bolas sobre el patio del colegio o en algún lado del lugar donde vivía. Se trataba de pequeñas láminas inflamables, producto de rollos, recortadas, presentando alguna escena o rostro vinculada a seriales. No faltaron los cómics, revistas editadas en el exterior, que sirvieron de base a esos filmes mediante el aporte de sus personajes: Supermán, Zorro, La Sombra, Mandrake, amén de los de Disney, adquiridos en el Mercado Central, kioscos, los negocios libreros de Concha Boy o Manrique.
La gente de aquellos años, pues no había televisión ni el internet, sólo la radio, también otro elemento principal de varias seriales (“Batman y Robin”, “La Araña Mortal”), disfrutó mucho con esta clase de género que, por supuesto, contenía un trasfondo ideológico, un cierto mensaje a la mente y conciencia, toda vez que lo producían los estudios de la Republic, Columbia, etc., empresas defensoras del sistema capitalista, contrarias al de la otra orilla (el capitán Silver o el Halcón Negro luchan precisamente contra el comunismo). Sin embargo, a pesar de ello, los entretuvo al calor de las tensiones de aquellos tiempos con olor a guerra mundial.
Hoy, en manos de coleccionistas (G. Vacca Dickson, Hildebrando García, Gastón Vásquez, Paola), son oro en polvo.
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Los que nos hacen nadar: Mirada de Plactón
Un selecto grupo de intelectuales liderados por el maestro Domingo Zavala Marttini, nos hara ver la vida de peces que no vivimos....
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Canto Rodado... las lineas de mujer
Como pensar como mujer...no es lo que se nos ocurre a los chalacos... pero, trataremos de entenderlas... a traves de ellas...
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